
El ocioso gen del fracaso, que sobrevive cuando aplauden los pasos, no es más que una tarta deliciosa que en el paladar provoca el sabor que te hace enorme, saciado y con la barriga llena relajas el cuerpo en una interminable y satisfactoria siesta, pero el gen aventurero empieza a crecer de nuevo cuando tensa la cuerda de la vigía, que duerme de noche, que sueña de día, y vuelve para volver a pedir los pasos. Pero todo esto está dentro de uno mismo, no hablemos de cinismo, que el que tiene que aprender a morir y renacer eres tú, sin necesitar nada a cambio, aunque la necesidad sea necesaria valga la redundancia el camino lo haces tú y nadie más tú… Así que nadar a contracorriente en un río revoltoso, solo es el dichoso gen del peón, dejémonos llevar por la fuerza del agua y en vez de fijarnos en nosotros, sonriamos con:
la paciencia, la alegría, la generosidad,
el entusiasmo, la amistad, el sabor,
la decencia, el mediodía, la piedad,
el orgasmo, la verdad y el amor.
“Y con los pies en polvorosa descubrí que todo lo que había aprendido hasta ahora era falso y estaba totalmente equivocado, así que me dejé llevar por las pequeñas cosas que hacen que el mundo vaya bien”… “Cause every little thing gonna be all right”…

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