domingo, 3 de febrero de 2013

Vuela la bala erguida…

Rompe a llorar el cielo, impermeables bajo la piel, los brotes de luz el consuelo y la angustia que hacen quebrar la hiel, sangra el asfalto herido, el camino queda atrás, duerme el niño que he sido, y que no despertará jamás. No hay notas en esta guitarra, para escribir una espina de alcanfor, una afilada cimitarra sobre unas rosas sin olor, no hay dedos que entinten los pergaminos, ni hay calma en las palmas de mis pupilas, pues huir no es perderse en los destinos, y soñar no es cumplir con las despedidas. Vuela la bala erguida… vuela sin descanso, como un maltrecho ganso en una batalla perdida, al acecho del primer aliento que le haga escupir el tormento y pintarle el acento a la vida. Las dudas que corroen las venas, viajan y no se relajan, y esas son las penas que transfieren las migajas que curten las arrugas, la purga solo es sanar el reflejo que mi espejo guarda para atrás. Sin más dilación, que se baje el telón y que suene la canción que nadie quiera escuchar.

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