Aprender a caminar, a dormir, sin pensar, sin pastillas, sin mano a la que agarrarse, es casi imposible para mí, y soy un vértigo a punto de echarse atrás, pero sin embargo algo me atrae a la cornisa, y se divisa bien el festín. Me uno a los libres pensadores, cantautores en soledad, que con la voz o las manos, desenfundan las alas, que han tenido guardadas mucho tiempo ya.
Y no se contestar a casi nada, y se preguntarme de todo, desde el impávido lodo que cubre mi morada, hasta el desastre de un huracán que va buscando carnaza, para ampliar su panza. Y es eso en definitiva, lo que el “hombre trata de hacer”, llenarse de falsas verdades que no se ven. Lo que al ojo se refleja no es más, que lo que la razón puede llegar a creer, lo demás, lo que hay afuera, más aún afuera todavía, es obra divina, y mi cerebro mundano no tiene las manos para recogerla. Entonces a mí, que soy un “hombre”, y como “hombre”, yazgo sobre suelo pisado, sobre sangre derramada, mi corazón va latiendo ausente a las miradas, y ha encerrado las preguntas retóricas bajo llave en un baúl sin cerrojo, donde tan solo el Dios certero, Don Baco, deja abrir “de vez en noche”. Así vivo, así muero.
lunes, 8 de marzo de 2010
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Grande, muy grande. Me gusta :) sigue escribiendo!
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