jueves, 17 de marzo de 2011

Estoy apunto de perder la cabeza - Part.III


Aprender a cocinar en un fuego quemado, es hartarse de uno mismo, caminar sin sombra por la desventura del eufemismo, arrodillarse ante el mundo, desangrarse la piel, ahogarse en el mar más profundo donde las penas se lloran de pié.

Romper con los cristales, que guardan tanto, es empezar desde un nuevo horizonte, es cambiar el rostro, es ser amigo de tus rivales, es una noche de carnavales dentro de un beso húmedo, es respirar aire fresco en lo alto de una cálida montaña, donde el tiempo queda inerte y la suerte te acompaña.

Encontrarse en un fuego cruzado, es escribir con las uñas, es pensar demasiado, es nevar en Sierra Espuña sin haber apenas nevado, es levantarse cada día, es el lento minutero, es lanzarse a la deriva por el denso Mar Muerto, es una pizca de alegría en un plato desalentado, ahogarse con las propias lágrimas, sin tener un solo hombro llorado.

Mano a mano compadre, coge la baraja, que nos quiten lo bailao, los peces suben, los piratas bajan, el alcohol sobrevive y la ramera se relaja, sin saber que en la calle como en el Caribe con la noche estrellada, la arcilla de la arena es un Ford fiesta (coche del año del noventa), las palmeras hierbabuena (por cierto, dura pero muy buena), y los latidos del corazón son las sandeces colocadas de la buena conversación.

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